Por la Lic. María Elena Villalba. Psicóloga especializada en la salud mental de las mujeres migrantes.
“El duelo pasa y deja lugar a una nueva forma de vivir, sin olvidar lo perdido. Aunque sepamos que después de una gran perdida la herida cicatriza, también sabemos que la marca de esa perdida nos acompañara para siempre”i Sigmund Freud (Duelo y Melancolía (1917). Editorial Amorrortu)
Cada día, miles de mujeres cruzan fronteras. Algunas huyen de la violencia, otras buscan un futuro mejor para sus hijos, muchas simplemente intentan sobrevivir. Pero mientras nos enfocamos en los números, las rutas y las políticas migratorias, olvidamos algo fundamental: su salud mental.
La migración no es solo un cambio de país. Es un cambio de vida. Y para las mujeres, ese cambio viene con un precio emocional muy alto.
Las mujeres migrantes viven una experiencia migratoria distinta a la de los hombres. Están más expuestas a la violencia, a la precariedad, a la explotación. Esto genera consecuencias psicológicas profundas, como:
- Ansiedad y miedo constante
- Tristeza profunda y depresión
- Culpa por dejar a sus hijos o familia atrás
- Duelo migratorio, por haber perdido su hogar, su tierra, su idioma
- Estrés postraumático, especialmente si han vivido violencia o abuso
Lo que no se dice: violencia, trata y silencios
Muchas mujeres migran solas o con sus hijos, expuestas a abusos sexuales, trata de personas, y explotación laboral. Algunas quedan embarazadas durante el trayecto, otras son obligadas a pagar con su cuerpo el cruce de una frontera.
La mayoría de estas historias no se denuncian. El miedo a ser deportadas o estigmatizadas hace que muchas callen. Y ese silencio también enferma.
Cuando por fin logran instalarse en un nuevo país, no siempre empieza la calma. La discriminación, el racismo, el trabajo mal pagado, y la falta de acceso a servicios básicos continúan afectando su salud mental.
Muchas viven en soledad, sin familia cerca, sin redes de apoyo, y sin saber a quién pedir ayuda. Y aunque necesiten atención psicológica, casi nunca pueden pagarla o ni siquiera saben que tienen derecho a ella.
La resiliencia no basta. Es cierto que las mujeres migrantes son increíblemente fuertes. Se reinventan, trabajan sin descanso, cuidan de otros, aprenden a vivir en contextos difíciles. Pero ser fuerte no debería ser su única opción.
Necesitan apoyo, espacios seguros, acompañamiento emocional y políticas que las reconozcan y protejan.
Porque no se trata solo de sobrevivir. Se trata de vivir con dignidad, con salud, y sin miedo.
¿Qué podemos hacer?
- Escuchar sus historias sin juzgar
- Brindar atención psicológica accesible, gratuita y con enfoque de género
- Crear redes de contención comunitarias
- Capacitar a profesionales en atención intercultural
- Difundir sus derechos, especialmente en salud mental
Una realidad que no debe seguir invisible. Detrás de cada mujer migrante hay una historia de duelo, valentía y esperanza. Pero también, muchas veces, una historia de dolor que no se ve. Es hora de mirar, de acompañar, y de sanar juntas.
Porque cuando una mujer migrante puede hablar, ser escuchada y cuidada, el mundo también se vuelve un poco más justo.
Sobre María Elena Villalba
María Elena Villalba es Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba, con formación de posgrado en Psicología Comunitaria y especialización en Psicología Clínica por la UBA. Inició su carrera en Centros de Salud Comunitaria en Córdoba y ha desarrollado una extensa trayectoria en el ámbito clínico, con más de 30 años de experiencia en la atención de adolescentes y adultos.
Ha dictado seminarios en la Facultad de Psicología de la UBA, y actualmente se desempeña como docente en el nivel terciario y en el área especial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es fundadora y directora de la Fundación Tempo, combinando su trabajo clínico con una fuerte vocación por la docencia.
Quienes quieran contactarla o consultarla, se encuentra disponible mediante las siguientes vías de comunicación:








Lo q no es normal, que escuche a un grupo de personas, tramando algo malo para alguien.