En esta segunda entrega, te contamos más sobre la aventura de viajar por el Camino de Santiago a partir del testimonio de Martín Albiniana, un joven argentino radicado en Barcelona que -en medio de un flechazo bicinauta- fue en búsqueda de una experiencia introspectiva. Rodar en solitario, los paisajes, los pueblos, viajar como en otros tiempos, el sentido de comunidad y ¿qué se siente al momento de llegar?
En la primera entrega de este informe especial de Infocivitano.com que puedes leer aquí, te contamos lo principal sobre esta gran aventura: ¿Quién es Martín y cómo surgió su viaje? ¿Qué es el Camino de Santiago? ¿Se puede viajar sin GPS? ¿Cuáles son las sensaciones al momento de partir? ¿Qué llevar como equipaje? ¿Dónde puedes hospedarte? ¿Qué problemas o adversidades pueden presentarse y quiénes pueden llegar a salvarte?
En esta segunda entrega, iremos a lo profundo de este viaje y, a través del testimonio de Martín Albiniana, no solo compartiremos información precisa, sino también las emociones y experiencias propias de una travesía que invita a rodar a cualquier viajero.
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¿Viajar por Europa sólo en bicicleta?
-Viajar solo en bicicleta da un poco de miedo. No es como viajar de turista. Tenés que ir viviendo la experiencia y descifrando cómo se presenta todo, kilómetro a kilómetro.
Más allá de los temores, nuestro entrevistado admite que no dudaría en repetir la aventura en solitario: “¡Me pareció increíble! Lo volvería a hacer sólo. Estás mucho tiempo con vos mismo, reflexionando. Sentí que viajaba como lo hacían en otros tiempos. Es indescriptible”. Para Martín, la experiencia fue mucho más que disfrutar de paisajes y conocer pueblos. Fue también un viaje hacia adentro.
-Me sentía triste, por temas personales y laborales. Y tener tantas horas al día para procesarlo todo, algo que en la vorágine de la ciudad es casi imposible, fue una oportunidad. Acá no tenés opción: estás obligado a enfrentarlo todo.
Al respecto, nuestro viajero amplía: “Fue un viaje interno en el que fui superando y procesando varias cuestiones. Aunque también existieron esos necesarios momentos de no pensar. No pensaba en nada, solo estaba conectado con el paisaje y mi bicicleta”.

Aunque viajar solo puede llenarnos de aprendizajes, Martín también rescata el atractivo de compartir el camino: “Hacerlo en grupo también tiene su encanto. Por lo que pude ver, es divertido. Vi grupos de amigos, parejas de padre e hijo, e incluso gente que iba con sus mascotas”.
Al respecto, nuestro viajero nos cuenta algo que le pasó al completar la aventura: “en ese momento tan lindo, que es de emoción, de alivio y de alegría, se me apareció también una tristeza por no poder estar compartiendo con nadie ese logro, no hay a quién abrazar. Obviamente, no se puede tener todo. O sea, disfruté tanto de haberlo hecho sólo, como también -creo- hubiese disfrutado compartirlo con alguien”.
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Pueblos escondidos para escapar de la globalización al viajar por Europa
«Hay pueblos que sobreviven gracias al Camino de Santiago”, sostiene Martín, quien nos describe comunidades pequeñas, de 10 o 20 casas, con un bar o un almacén. “Viven casi de manera autónoma, con huertas, trueque, animales, papas, uvas”, amplía. En simultáneo, destaca quizás algunas formas de conservar todo eso que se pierde en el contexto de la mega industrialización y la globalización:
“En general, son senderos para peregrinos o para llegar en bicicleta. En auto es difícil. Entonces, este camino te obliga a socializar, a interactuar con los lugareños, algo que nos resulta lejano a quienes estamos sumergidos en un computador, en medio de la industrialización y de la globalización».
En sintonía, en un primer intercambio mientras Martín estaba en plena aventura, nos contaba: “Justo ahora encontré un albergue gratuito en un pueblito. Y eso te permite conocer gente de todos lados del mundo. Conocés gente. Te vas quedando. Y eso te enriquece. Diría que aparece un sentido de comunidad también”.
Según nos cuenta nuestro viajero, el hecho de cruzarse con muchas personas en una misma habitación casi que te obliga a socializar. Y en ese contexto, la solidaridad florece: “Un día le di comida a alguien porque justo me sobraba, y otro día sucedió que yo anduve medio corto, y alguien me convidó a mí”.

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Viajar por Europa: una oportunidad para descubrir historias mínimas
«Conocí a una madre y su hija que no se hablaban desde hacía años y se estaban reencontrando mientras hacían este viaje».
Recorrer el Camino de Santiago también es una oportunidad para encontrarse con cientos de historias mínimas. En medio del camino, uno se cruza con experiencias de superación personal, como la propia historia de Martín, y otras que dejan un nudo en la garganta. Martín recuerda la historia de un viajero inglés de 75 años y traga saliva:
«¡El señor arrancó desde Inglaterra! Desde Inglaterra, en su bici, una bici de ruta bien antigua, de los años 70. Cuando charlé con él, me contó que había superado un cáncer y estaba haciendo su viaje para cumplir una promesa.»

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Viajar por Europa y volar entre pueblos y paisajes
El vuelo sobre ruedas desde León hasta Santiago de Compostela significó para nuestro viajero descubrir dos mundos diferentes: uno llano, en los extensos campos de Castilla, y otro verde y frondoso, al acercarse a Galicia.
“Partí de Castilla y León, con un paisaje re desértico, pero con muchos pueblitos medievales por descubrir”, comenta Martín, mientras recuerda cómo los caminos, de algún modo, lo transportaban a otras épocas, atravesando aldeas de piedra y construcciones antiguas. Al cruzar el puente de Hospital de Órbigo, “un puente muy famoso, donde se hacían batallas medievales”, sintió una emoción muy particular.
Entre los pueblitos, cuyos nombres se le fueron difuminando, hubo uno que lo marcó especialmente: “Me cuesta acordarme los nombres de los pueblos, pero no me olvido de Villafranca del Bierzo, un pequeño caserío en la montaña, rodeado de viñedos”.
Cuando le preguntamos por qué ese pueblo le quedó grabado, Martín respondió: “No sé bien por qué. Es difícil de explicar, pero me sentí muy bien en ese lugar. Me conecté con ese paisaje, con el albergue, con la gente del pueblo y las personas que me crucé”.
Martín siguió pedaleando. Castilla quedó atrás y comenzaron las subidas y los descensos que lo llevaban no solo hacia Santiago, sino quizás hacia un lugar muy profundo de conocimiento interno. En Galicia, el paisaje se transformó en un manto verde lo envolvió: “En Galicia todo es demasiado lindo… un montón de vegetación, se activan los sentidos ¡mucho bosque!”.
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Un viaje realmente económico: el secreto para viajar por Europa
–Quienes cuentan con mayor presupuesto suelen optar por hoteles, escapando de los albergues compartidos con otras 30 personas. Se evitan los ruidos, los ronquidos y las personas que se levantan a las tres de la mañana para ir al baño. Pero, se están perdiendo algo, ¿no?
Nuestro entrevistado reflexiona sobre el valor de los albergues públicos, destacando que, además de ser una experiencia interesantísima de sociabilidad, resultan ser una opción súper económica ya que funcionan con aportes voluntarios.
Aun así, admite que debió pagar dos albergues privados porque no había reservado y ya no quedaban camas en los públicos: “¡Es importante tener en cuenta que, si planificás, el viaje puede hacerse más barato!”.
Según nos cuenta. En esos hospedajes privados pagó cinco y siete euros, respectivamente (el segundo incluía desayuno). En total, durante todo el viaje, gastó unos 55 euros en alojamiento. Quizás el gasto más significativo fue el transporte desde Barcelona a León, con escala en Madrid, que costó unos 120 euros contando la ida y la vuelta. Martín reconoce que de haber sacado los pasajes con anticipación, hubieran resultado mucho más baratos.
En cuanto al presupuesto en alimentación, detalla: “Compraba en supermercados, algo sencillo como un sándwich o una ensalada. A veces cenaba en las pensiones, donde te dejan usar la cocina. También están los encargados que cocinan para todos, por ejemplo, un guiso para veinte personas. Cobran barato. También te ofrecen una comida completa por 10 o 12 euros. Y desayunos por cinco euros”.
En el único lugar donde tuvo que pagar una entrada fue en “un convento gigante, con pinturas del siglo XVIII”. La entrada le costó 5 euros, pero la experiencia, cuenta, fue increíble y se la lleva para siempre.
Con algunas estrategias, asegura nuestro entrevistado, “se puede hacer un viaje muy económico; es accesible para cualquiera. El viaje más barato que conocí en Europa, súper democrático en ese sentido”.
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¿Una app que puede facilitarnos todo?
En referencia a la organización y los gastos, nuestro bicinauta nos contó también de la existencia de una aplicación llamada “Buen Camino”, donde se pueden consultar los hospedajes gratuitos, hoteles, hostales y pensiones de cada pueblo.
-“Yo trataba de no usarla tanto y dormía donde había lugar. Si una noche no conseguía en un albergue público, me prometía hacerlo al día siguiente. Esa cosa rebelde de no prever tiene un gustito especial. Pero la app ayuda a ahorrar”.
La app Buen Camino es una herramienta muy útil para los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Disponible tanto para iOS como Android, ofrece información detallada sobre las diferentes rutas del Camino, incluyendo mapas interactivos y opciones de personalización para adaptarse a cada etapa.
La aplicación también incluye información sobre restaurantes, tiendas y supermercados en las distintas etapas, junto con consejos sobre qué ver en cada zona. Además, según nos contó Martín, tiene una sección para que los peregrinos puedan marcar las etapas completadas y así llevar un registro de su progreso. También se puede consultar la distancia restante hasta Santiago y recibir alertas sobre desvíos o eventos relevantes en el Camino.
La increíble sensación de llegar tras viajar por Europa
Luego de rodar una semana completa —de encontrarse con su propia soledad, de conocer pueblos y paisajes soñados, de reflexionar y emprender profundos procesos internos, de conocer personas e historias que le dejaron huellas imborrables, de superar lluvias, desorientaciones, subidas imposibles y cada adversidad que se presentó— llegó el último día.

Como Martín fue tan claro al contar su viaje y su llegada fue tan especial, desde Infocivitano.com, preferimos que el cierre de esta crónica quede por completo en su propia voz:
“Faltaban 10 kilómetros. Estaba llegando a Santiago y le mandé un audio a un amigo: ‘¡no llego, no llego más!’ Quedaban subidas larguísimas. Diez kilómetros eternos. Parecía que no iba a llegar. Me cruzaba gente que también estaba muy cansada y me daba algún aliento: ‘¡Vamos, que ya son los últimos kilómetros!’ Yo decía: ¡No puede ser! Estoy en el cuento de los náufragos de Saer. Los náufragos se ahogan antes de llegar hasta la costa. Me sentía igual. Eran los últimos kilómetros y pensaba: ¡No puede ser!
Por suerte, las piernas me respondieron y, bueno… al final… ¡qué decir! Apenas llegás… es una sensación de alivio, alegría. De decir ¡lo logré! Una sensación increíblemente linda. ¡Descargás todo! Hacía mucho que no se me caía una lágrima por un mérito propio. En realidad, no sé si me había pasado antes.
Además, comencé a pensar que este fue el final de un viaje, pero que quizás puede ser el inicio de una nueva etapa de la vida, ¿de hacer viajes en bici, tal vez?
Es difícil de describir; tampoco creo que haya sido la proeza más grande de la historia, pero para mí, sí. Eso es lo que tiene de meritorio. Soy una persona a la que le cuesta un montón… ¡Y pude ganarle a mi peor enemigo! O sea, yo”.








Que historia fascinante!! Debe ser fantástico recorrer un país desconocido en una bicicleta. Además, España tiene tantos lugares emblemáticos que debe ser apasionante transitarlos en forma de paseo y von mucha parsimonia. Muy interesante!!
Muy interesante está última reseña sobre la experiencia de Martín. El manifiesta en su relato que la solidaridad, el aprendizaje, el socializar y el enriquecimiento estuvieron manifiesto en su travesía.
De manera personal Martín me invita a reflexionar en este escrito sobre los valores mencionados con anterioridad como pilares fundamentales en todo proyecto o sueño a realizar.
Por último me quedo con sus palabras “ ¡y puede ganarle a mi peor enemigo! O sea yo”.