En esta crónica dividida en dos partes te contamos la aventura por el Camino de Santiago de Martín Albiniana, un joven argentino radicado en Barcelona que -en medio de un flechazo bicinauta- fue en búsqueda de una experiencia introspectiva. ¿De qué se trata este viaje? ¿Qué tuvo de especial hacerlo en bicicleta? ¿Cuánto tardó en hacerlo? ¿Dónde paró a dormir? ¿Qué problemas se presentaron? ¿Cuánto gastó? ¿Por qué fue una de las mejores experiencias de su vida?
«Es una experiencia increíble, para hacer una vez en la vida”, fue lo primero que nos respondió Martín Albiniana, cuando vimos sus hipnóticas fotografías en redes sociales. Se refería una travesía reciente que realizó a bordo de su bicicleta y que ahora puede compartir con otros: el Camino de Santiago, una gran oportunidad para viajar por Europa en bicicleta.
Desde el comienzo supimos que el relato sobre su viaje iba a ser fantástico, así que le pedimos que nos cuente todos los detalles. Sobre el final de esta nota, te mostramos un video único, filmado y editado por el propio protagonista.
A su vez, todas las fotos de esta crónica son parte del registro analógico del joven aventurero, protagonista de esta travesía.
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Martín, su plan de viajar por Europa y su bicicleta
Martín es editor y animador audiovisual, de origen argentino, con 31 años de edad, pero mientras vivía en su Córdoba natal apenas usaba la bicicleta para cuestiones cotidianas.
Poco después de instalarse en Barcelona, en febrero de 2023, consiguió una vieja bici rutera para el transporte diario.
Un par de semanas de pedaleo bastaron para que una «llamita se encendiera» y activara sus inquietudes.
Ni bien pudo, compró “a muy buen precio”, otra bicicleta rutera usada, pero más moderna. Una bici de esas en las que un ciclista sin experiencia realmente siente que vuela. Y a Martín, claro, le gusta volar.

Desde su llegada a España, en febrero de 2023, había oído hablar de una peregrinación con un encanto único, que partía desde diferentes puntos pero que siempre llevaba al mismo destino.
En medio de su flechazo bicinauta y con los días de vacaciones contados, decidió no dejar pasar la oportunidad. Tenía poco tiempo para la aventura, por lo que partió desde León, para recorrer una distancia algo más corta de la peregrinación habitual, pero entre curiosidad y curiosidad, puedo recorrer 380 kilómetros de vivencias.
Para hacer la travesía, le recomendaron alquilar una bicicleta y no llevar su rutera, ya que el Camino tiene muchas partes de ripio, piedras y caminos espinosos, lo que implicaba el riesgo de dañarla. Así que, con algo de pesar, Martín dejó a su compañera en Barcelona y emprendió su aventura con una bici alquilada, a la que también le terminó tomando cariño.
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En pocas palabras, el Camino de Santiago
Para quienes no conocen, El Camino de Santiago, o Ruta Jacobea, es una de las peregrinaciones más importantes del mundo cristiano. Desde la Edad Media, miles de peregrinos recorren esta ruta para llegar a la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, donde se cree que descansan los restos del apóstol Santiago. Existen varias rutas para llegar, siendo la más popular el Camino Francés, que comienza en los Pirineos.
“La ruta está bien marcada. Podés ir por montaña o por ruta, y tenés otras alternativas. La mayoría de la gente lo hace peregrinando. Yo lo estoy haciendo en bici porque me gusta y aparte porque quiero recorrer un poco más”, nos contaba Martín, en medio de su viaje.
Más allá de su aspecto religioso, el Camino atrae por su riqueza cultural y natural. A lo largo de los senderos, los peregrinos atraviesan paisajes impresionantes, visitan monumentos históricos y disfrutan de la hospitalidad de los pueblos. Así, la experiencia combina desafío físico, introspección personal y conexión con tradiciones seculares que han perdurado por siglos.
Para nuestro viajero argentino, que está un tanto alejado de las cuestiones religiosas, el Camino de Santiago fue ni más ni menos que una aventura de superación propia: “Para mí, la búsqueda fue la de luchar contra mi propio enemigo que, básicamente, soy yo. Siempre suelo tirarme abajo. Me cuesta la actividad física. Pero esta vez, me tenía que superar a mi mismo”.

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La decisión de partir sin GPS
La histórica ciudad de León es el punto de partida para muchos que buscan experimentar una parte significativa del Camino Francés, sin recorrer la totalidad de los más de 800 kilómetros que van desde Roncesvalles. Antes de su partida, nuestro peregrino sobre ruedas, tomó una decisión:
-Opté por no llevar GPS. Traté de hacerlo de la manera más natural posible. Solamente lo activé cuando atravesé ciudades grandes, para no cometer alguna infracción. Por momentos, fue un obstáculo grande, porque me perdí y ya no tenía señal para reubicarme. Un día me desorienté y se me largó la lluvia. El día se hizo larguísimo.
Martín, al mismo tiempo, reivindica su decisión: “en contrapartida, otro día me confundí, tomé un camino paralelo y terminé en un pequeño viñedo en el que trabajaba una familia completa. No sólo me explicaron cómo retomar el Camino de Santiago, sino que me invitaron a cosechar, me contaron de su actividad, me convidaron uvas. Fue una tarde hermosa”.

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Los nervios de la partida y el impulso clave
-¿Me iban a aguantar las piernas? ¿Y si me canso al tercer día, qué hago? ¡Se me arruina el plan!
Según nos cuenta Martín, el primer día fue una mezcla de emoción y nervios. El temor estaba presente. A pesar de haber realizado un pequeño entrenamiento con peso en distancias cortas, una ruta larga se desplegaba ante él por primera vez:
–¿La verdad? Estaba asustado. Nunca había hecho un viaje de distancias largas y menos con peso. Tenía miedo de no llegar. Pero, al final… te levantás y todo sale bien. Siempre arrancaba el día cansado, me costaban los primeros kilómetros, pero, después, algo te empuja, pedaleás y pedaleás, y tomás envión. Te mueve la ilusión de llegar al siguiente pueblo.

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El equipaje y las posibilidades de hospedaje
Según nos contó Martín, la disponibilidad de hospedajes gratuitos en los pueblos fue clave para aligerar el peso de su equipaje, ya que no necesitó llevar carpa ni otros elementos especiales.
Sobre los alojamientos, nos dijo: “Hay pensiones públicas que son gratuitas, a donativo, donde tenés camas para todos y baño. En general, son manejadas por la Iglesia. Son habitaciones para 20 o 30 personas. También hay otros hospedajes que son mixtos, entre públicos y privados, en los que, por ejemplo, pagás cinco euros y tenés habitaciones más chicas, de cuatro o cinco personas”.
En resumen, su equipaje completo consistió en dos mudas de ropa para andar en bici, una muda para después de rodar, un par de zapatillas, protector solar, una botella de agua, barritas de cereal, una cámara de repuesto, un par de herramientas para cualquier imprevisto con la bici y un libro.
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Las adversidades, la compañía y la superación.
Después del primer kilómetro, el miedo se disipó. León se convirtió en un punto cada vez más pequeño. Por delante, se desplegaron paisajes majestuosos, pueblos antiguos y senderos cargados de historia. Con la meta de llegar a la mítica catedral de Santiago de Compostela, Martín se fue encontrando con algunas adversidades y quizás con la suerte.
-Estás solo frente a la ruta, los obstáculos, el viento, la lluvia. De algún modo, es una analogía de la vida: aparecen obstáculos que tenemos que ir superando o, en todo caso, aprender a sobrellevar. Siempre hay una cuesta… ¡y hay que subirla!
Martín nos contó que, al segundo día de su viaje, lo sorprendió una lluvia torrencial y llegó tarde a la pensión. No fue solo el frío; su ropa y zapatillas no alcanzaron a secarse. “Al día siguiente, no había ganas de pedalear. Estaba lloviendo de nuevo, y me quería quedar en la cama”, se sinceró.

No obstante, el viaje continuó y se presentaron nuevas adversidades ¿y un par de ángeles guardianes? Nuestro entrevistado nos contó que en una de las cuestas más grandes, la famosa subida a O Cebreiro, que es la más difícil de todo el viaje, empezó el día con la sospecha de que se venía algo duro. Pues, tenía ya las referencias de una subida tan empinada como desafiante. Lo que Martín no se esperaba tanto, era la lluvia.
El entrevistado nos contó su drama: “A mitad de la subida, comenzó a llover. Se me complicó. Tuve que parar, esperando que la llovizna amainara un poco, porque la rueda resbalaba. Se puso muy dificil”. Y también nos narró un gran desenlace: “Ese día, justo, no había visto a ningún otro ciclista. Mientras esperaba a que se calme la lluvia, pasó una pareja de ciclistas brasileños. Nos quedamos charlando un rato y decidí seguir la subida junto a ellos. Pegamos muy buena onda, hicimos la subida juntos y no los volví a ver… hasta dos días después, cuando pinché una rueda. Justo pasaron ellos y me ayudaron nuevamente. Se me aparecieron en dos momentos jodidos. Eso fue increíble”.
Si te entusiasmó esta nota, mañana te contaremos, en una segunda parte, sobre el encanto de los paisajes y pueblos medievales, el significado de viajar en solitario, los gastos exactos de la aventura y la increíble sensación al momento de completar el Camino de Santiago.








Excelente nota, espero con ansias la segunda parte!!
Me encanto la nota de Agustín la cual refleja como Martin va superando los desafíos y obstáculos que enfrenta en su travesía por España. Digno de destacar los aprendizajes que fue adquiriendo en su recorrido.
Una experiencia que anima a la posibilidad real de hacer ese viaje, un viaje.
Inspira a otrxs, dan ganas de salir pedaleando y cumplir sueños como Martin.