Italia celebra un referéndum nacional este domingo y lunes para aprobar enmiendas a su constitución posfascista relacionadas con el sistema judicial. Los sondeos de opinión previos al periodo de restricción electoral mostraban una carrera muy reñida, con una ligera ventaja para la campaña del «no».
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Meloni ante la posibilidad de una derrota clave
Italia celebra un referéndum nacional este domingo y lunes para aprobar enmiendas a su constitución posfascista relacionadas con el sistema judicial.
Los cambios propuestos incluyen la separación de las trayectorias profesionales de jueces y fiscales, la creación de dos consejos de gobierno seleccionados por sorteo y el establecimiento de un nuevo tribunal para asuntos disciplinarios.
Giorgia Meloni lleva más de tres años liderando uno de los gobiernos más estables de la historia de la república italiana. Las próximas elecciones generales están previstas para 2027.
Forza Italia, el partido fundado por el difunto Silvio Berlusconi, es socio en la actual coalición gobernante de Meloni.
Los sondeos de opinión previos al periodo de restricción electoral mostraban una carrera muy reñida, con una ligera ventaja para la campaña del «no».
Meloni ha utilizado el podcast del rapero italiano Fedez en los últimos días de campaña para intentar atraer el voto joven. Su partido, Hermanos de Italia, publicó y luego retiró un folleto en redes sociales criticando a jueces y feministas.
Aunque es una votación sobre cambios técnicos y complejos, el referéndum se ha transformado en un plebiscito sobre el gobierno de Meloni y una prueba de su credibilidad antes de las elecciones de 2027. Según el profesor de política Mattia Diletti, es «una elección entre Giorgia Meloni o los jueces».
Meloni sostiene que los cambios son esenciales para garantizar la imparcialidad, mejorar la eficiencia del sistema y erradicar las «facciones» políticas de izquierda en el poder judicial. El oficialismo argumenta que un rechazo a la reforma pondría en riesgo la seguridad pública al liberar a delincuentes.
Los críticos temen que la reforma debilite la independencia de jueces y fiscales, haciéndolos vulnerables al control del gobierno, trazando paralelismos con la Hungría de Viktor Orbán. Expertos legales advierten que el verdadero objetivo es debilitar a los fiscales, lo que podría silenciar las investigaciones sobre corrupción y crimen organizado vinculadas al poder político o económico.
Si Meloni gana, consolidará su poder para impulsar nuevas leyes electorales y reformas constitucionales controvertidas, como la elección directa del primer ministro. Si pierde, su preparación para las elecciones de 2027 se verá seriamente dificultada
La votación se ha transformado en un voto de confianza de facto sobre su mandato de cara a las próximas elecciones generales, precisamente por el impulso y el compromiso que el propio gobierno ha puesto en el asunto.
¿Qué cambia con la reforma judicial en Italia?
Sobre el papel, el electorado deberá votar «sí» o «no» a una serie de enmiendas técnicas a la constitución. La reforma plantea separar las carreras profesionales de jueces y fiscales, establecer dos consejos de gobierno elegidos por sorteo y crear un tribunal específico para asuntos disciplinarios.
Meloni defiende que estos cambios son fundamentales para agilizar el notoriamente lento sistema judicial italiano y garantizar la imparcialidad, erradicando lo que ella denomina «facciones» políticas de izquierda dentro de la magistratura.
En la recta final de la campaña, la primera ministra ha endurecido su discurso, acusando a los jueces de socavar sus políticas contra el crimen y la inmigración irregular, y advirtiendo que un rechazo a la reforma supondría la liberación de inmigrantes indocumentados, violadores y narcotraficantes.
Preocupación por la independencia judicial
Sin embargo, la oposición, junto con un importante sector de la abogacía y la magistratura, ve en esta medida una amenaza directa a la democracia. Los críticos denuncian que la reforma busca debilitar el poder y la independencia de jueces y fiscales, haciéndolos vulnerables al control gubernamental en un escenario que comparan con la Hungría de Viktor Orbán.
Luigi Li Gotti, abogado penalista y ex subsecretario de justicia, advierte que el objetivo real del gobierno es «debilitar a los fiscales e influir indirectamente» en las investigaciones, un movimiento que beneficiaría a políticos y empresarios.
Este temor es compartido por Antonella Attardo, jueza civil en Milán, quien señala que la reforma, combinada con propuestas para que la policía rinda más cuentas a los ministerios, podría permitir que el poder ejecutivo decida qué investigaciones sobre corrupción se llevan a cabo y cómo.
El fantasma del difunto Silvio Berlusconi, fundador de Forza Italia (actual socio de la coalición gobernante), planea sobre la reforma. Berlusconi, quien enfrentó decenas de juicios penales, llegó a calificar a los fiscales públicos como «el cáncer de nuestra democracia».

Un plebiscito polarizado y encuestas ajustadas
La campaña ha estado marcada por una retórica incendiaria en lugar de un debate técnico. El ministro de Justicia, Carlo Nordio, llegó a calificar al consejo supremo del poder judicial de «sistema paramafioso», mientras que su jefa de gabinete lo comparó con un «pelotón de fusilamiento» que debe ser eliminado. Incluso, el partido de Meloni, Hermanos de Italia, publicó y luego retiró un polémico folleto acusando a los jueces de bloquear la deportación de violadores y atacando al movimiento feminista.
A pocas horas de la apertura de las urnas, las encuestas muestran una carrera reñida, con el bando del «no» ganando una ligera ventaja a medida que se intensifica el debate. Consciente de lo que está en juego, Meloni ha intentado captar el voto joven participando en el popular podcast del rapero Fedez, insistiendo en que «el voto no es sobre Meloni, es sobre la justicia».
No obstante, como señala el profesor de política Mattia Diletti, la realidad es muy distinta: «Se ha convertido en un referéndum político y es una cuestión de poder para ella; es esencialmente una elección entre Giorgia Meloni o los jueces».
Una victoria allanaría el camino de Meloni hacia su reelección en 2027 y le daría alas para impulsar más reformas constitucionales, pero una derrota supondría un duro golpe a su hasta ahora incontestable popularidad.
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Los políticos en todas partes del mundo son iguales subestiman la inteligencia del pueblo. Al final el pueblo se pronuncia y los políticos se quedan sin palabras. A mi modo de ver los pueblos tienen muy claro que la Constitución no se toca, cuando llega ese momento desde el intelectual más reconocido hasta la simple ama de casa piensan los pro y los contra de una reforma, si realmente la justicia italiana ha luchado contra la corrupción y los delitos de narcotrafico con las herramientas que tiene va a ganar el No, porque es algo que esta bien no hay que cambiar y eso lo sabe el común de la gente nadie va a convencer de lo contrario, porque sería como se dice comunmente darse un tiro en el pie. Confío en la inteligencia del pueblo.