La nueva legislación contra la violencia sexual hacia las mujeres y el feminicidio fue aprobada por unanimidad en el parlamento italiano.
por Fabio Porta*
El 25 de noviembre de 1960, tres hermanas, Aida, María y Antonia Mirabal, fueron torturadas y asesinadas en la República Dominicana por militares al servicio del dictador Rafael Trujillo.
El 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas, con la resolución 54/134, declara el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres en su memoria.
Han pasado sesenta y cinco años desde aquel día y aún estamos lejos de erradicar la plaga de la violencia contra las mujeres: este año hay más de sesenta casos de feminicidio en Italia y son más de mil las mujeres víctimas de este crimen desde 2015 hasta hoy, un promedio de más de cien por año.
Para combatir esta masacre silenciosa y constante, que hunde sus raíces en una cultura patriarcal difícil de erradicar en nuestros países, el Parlamento italiano lleva años comprometido con actualizar y endurecer la legislación en la materia, también gracias al aporte fundamental de la Comisión parlamentaria de investigación sobre el feminicidio.
Un paso significativo y políticamente importante —porque fue aprobado por unanimidad— ha sido la aprobación el pasado 21 de noviembre por parte de la Cámara de Diputados de la propuesta de ley del Partido Democrático sobre el libre consentimiento de la mujer en el acto sexual.
La modificación del artículo 609 bis (violencia sexual) del Código Penal es un punto de inflexión; no solo una reforma del código, sino un cambio cultural. La nueva formulación, de hecho, pone en el centro la falta de consentimiento libre y actual de la persona involucrada, alineándose así con los estándares europeos e internacionales más recientes, y con las numerosas sentencias de la Corte de Casación. El consentimiento debe ser libre y actual, entendiéndose como tal el expresado como manifestación libre de la voluntad de la persona, que debe permanecer así e inalterado durante todo el desarrollo del acto sexual.
Han hecho falta años, sentencias, llamados de atención y convenios, pero sobre todo mucho dolor y sufrimiento para llegar a la ley que hemos aprobado en primera lectura en la Cámara, con el fin de introducir en nuestro ordenamiento el consentimiento libre y actual, un elemento esencial para afirmar que en cualquier momento una mujer puede sentir que está siendo obligada a una relación sexual y, por lo tanto, oponer su rechazo y sustraerse.
No hay excusas y no hay atenuantes —una forma de vestir, una relación anterior, un estado de alteración… SOLO SÍ SIGNIFICA SÍ: cuando no hay consentimiento, es violencia. Una pequeña gran revolución, fruto de la conciencia compartida sobre la urgencia social de intervenir para reforzar la lucha contra la violencia sexual y garantizar una protección más eficaz de la libertad y la autodeterminación.
(*) Diputado italiano por la circunscripción exterior – América meridional.







