La experiencia migratoria suele traer consigo un duelo migratorio que incluye sentimientos intensos y contradictorios. La Xunta de Galicia ofrece recursos para identificar si estamos atravesando un duelo migrante mal elaborado.
¿Qué es el duelo migratorio y cuál es la diferencia con otros duelos?
El duelo migrante es un proceso emocional profundo que atraviesan muchas personas que emigran. No solo implica una adaptación a nuevas costumbres o sistemas burocráticos, sino una verdadera reorganización emocional frente a múltiples pérdidas: familia, idioma, cultura, espacio vital, pertenencia social, estatus o identidad. Aunque se parece al duelo por la muerte de un ser querido, tiene rasgos particulares.
Se trata de un duelo parcial, múltiple, recurrente y transgeneracional. No hay una desaparición total, sino una separación. Las personas migrantes pueden revivir el duelo varias veces en su vida, cada vez que regresan o recuerdan su país de origen. También se enfrentan a una pérdida compuesta, ya que no se pierde solo a alguien, sino a muchas cosas significativas a la vez. Además, este tipo de duelo afecta a quienes emigran, pero también a sus hijos e hijas, nacidos o no en el país de acogida.
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¿Qué fases tiene y qué sensaciones experimentamos durante un duelo migrante?
Según un informe de la Xunta de Galicia, el duelo migrante se estructura en tres fases emocionales que suelen repetirse en distintos momentos de la vida:
- Negación: Se minimizan los efectos de haber migrado. Es común escuchar frases como “no me afecta estar lejos” o “como aquí no se vive en ningún sitio”.
- Resistencia: Aparece la frustración ante los desafíos del nuevo entorno. Las personas pueden rechazar la cultura local y buscar refugio en su comunidad de origen.
- Aceptación: Se empieza a integrar la experiencia migratoria, reconociendo tanto las pérdidas como los beneficios de la nueva vida.
Estas fases no siempre ocurren en orden lineal. Pueden alternarse o reaparecer según el contexto, generando picos emocionales con tristeza, enojo, culpa o agotamiento.
Síndrome de Ulises: cuando no podemos elaborar la pérdida
Cuando el duelo migrante se intensifica y no encuentra forma de elaboración, puede dar paso al llamado Síndrome de Ulises, un cuadro de estrés crónico y extremo descrito por el psiquiatra Joseba Achotegui.
No se trata de una enfermedad mental, sino de un síndrome reactivo ante experiencias extremas: separación forzosa de seres queridos, viajes peligrosos, condiciones precarias de vida, exclusión social, discriminación o fracaso en el proyecto migratorio.
Los síntomas abarcan cuatro niveles:
- Emocional: tristeza persistente, llanto, ansiedad, miedo, irritabilidad.
- Físico: fatiga, insomnio, dolores de cabeza o articulares.
- Cognitivo: confusión, desorientación, dificultades de atención y memoria.
- Relacional: aislamiento, sensación de no pertenecer, desarraigo.
La figura de Ulises, el héroe griego que luchó durante años por volver a su patria, representa simbólicamente el agotamiento emocional del migrante que no puede volver, que no logra encontrar su lugar en el país de acogida, y que siente que ya no pertenece tampoco al país que dejó.
Cómo es el «autotest» que propone la Xunta de Galicia
El material difundido por la Xunta de Galicia en el marco del programa SAIMI III (Salud Integral a Mujeres Inmigrantes) incluye dos tipos de autotests orientativos:
- Test sobre estrategias de afrontamiento: Ayuda a identificar si una persona tiende a resolver los problemas con estrategias adaptativas (centradas en la solución) o desadaptativas (centradas en la emoción). Se recomienda fomentar las primeras. La evaluación se hace con el siguiente criterio: al finalizar la encuesta se hacen dos sumas diferentes indicadas en el formulario. Si tu puntuación es mayor en la primera suma que en la segunda, estás empleando en mayor medida estrategias adaptativas (y eso es bueno).
- Test de red de apoyo social: Permite evaluar si contamos con una red suficiente de apoyo emocional. Si el resultado es menor a 57 puntos, se sugiere ampliar vínculos, participar en actividades colectivas o buscar espacios de pertenencia.
Estos instrumentos son una herramienta de autoevaluación inicial, que no reemplaza la consulta profesional, pero pueden funcionar como una primera señal de alerta sobre la necesidad de atención emocional o acompañamiento especializado.
A dónde recurrir si creo que necesito asesoramiento o ayuda
El informe recomienda, sin excepción, buscar ayuda profesional si sentimos que no estamos pudiendo sobrellevar el duelo migrante por medios propios. Algunos caminos posibles:
- Acudir a servicios públicos de salud mental en el país de residencia.
- Consultar con entidades locales que trabajen con migrantes, mujeres o comunidades extranjeras.
- Participar en grupos comunitarios, talleres de bienestar o espacios interculturales.
- Solicitar acompañamiento a través de programas específicos disponibles en la salud pública.
La clave está en no normalizar el sufrimiento. Sentir dolor, tristeza o ansiedad es una reacción esperable frente a un cambio profundo. Pero cuando ese dolor se extiende, bloquea proyectos o se convierte en aislamiento, es momento de actuar.
El duelo migrante no es una debilidad, es una vivencia humana frente a una transformación profunda. Reconocer sus fases, entender el Síndrome de Ulises, y usar herramientas como el autotest pueden ayudarnos a gestionar mejor la experiencia migratoria.








-Yo estoy pasando por esto.
He sentido mucho de esos síntomas