Cande Panetta llegó a Calabria hace poco más de un año. Tramitó su ciudadanía, trabaja como gestora de ciudadanías para otras personas y nos cuenta su experiencia de «ambos lados del mostrador».
Longobardi es un pequeño poblado de Calabria, al sur de Italia. Sus playas, bañadas por el Mar Tirreno, están a pocas cuadras de la montaña, donde montones de casas, algunas nuevas y otras medievales, parecen colgadas de los cerros.
Es un pueblo de trabajadores rurales y casas de veraneo lleno de terrenos sembrados con verduras y frutales. Caminando por sus calles se pueden ver campos, lotes y hasta patios con pequeños cultivos de olivares, peperoncinos, cebolla morada, tomates y rúcula.
En verano, las calles se llenan de autos y las playas de turistas de toda Italia y del resto del mundo, pero en invierno hay un fenómeno muy particular que se hace notorio: Longobardi se llena de argentinos.
Un pueblo que ama a los argentinos
Quizás quienes hace algunas generaciones atrás hayan vivido en pequeñas localidades del campo en el país austral habrán sabido lo que es andar por un pueblo donde la mayoría son “colonos” y hablan un idioma de otro país. Esto que ocurrió con muchos italianos en Argentina y el resto de Sudamérica, hoy ocurre en este rincón de Italia con los argentinos.

“Nos adoran”, dice Cande, una cordobesa de 25 años que llegó en agosto de 2022 para hacer su ciudadanía. “La gente dice que le hemos traído de vuelta la felicidad a Longobardi, lo llenamos de jóvenes en las calles, risas y fiestas”, asegura.
Calabria tiene una conexión histórica con Argentina (el país del mundo con más italianos fuera de Italia). Sin embargo, la gente de la localidad dice que en los últimos dos o tres años se ven cada vez más argentinos. Por la zona, cuando alguien sin querer habla en cocoliche (mezcla de italiano y español), los locales, sin dudarlo, preguntan: ¿Argentino? ¿Longobardi?.
La ciudadanía de Cande
Cuando Cande Panetta llegó, todavía no eran tantos los argentinos en Longobardi. Venía de trabajar en un estudio contable en Córdoba con horarios y sueldo fijo, pero donde no era feliz.
Su primer antecedente de viajar fue a los 19, apenas terminó el secundario. «Me surgió la oportunidad de viajar a Ushuaia a hacer temporada de invierno. Hacía frío, pero pagaban muy bien», recuerda. Uno de sus compañeros de trabajo de una de las pistas de sky donde había sido empleada le dijo que en el verano (del hemisferio sur) se iba a ir a Andorra para hacer temporada de invierno europeo.

Cande se animó y, después del invierno en Tierra del Fuego, viajó a Europa. Pero la experiencia en Andorra no fue buena: “Llegué tarde. No había trabajo, no nevaba, los alojamientos eran caros y el dinero se me terminó muy rápido. Mi pasatiempo era salir a recorrer el lugar para ver lo que la gente dejaba de ropa como descarte. Había cosas hermosas y en muy buen estado. No tenía papeles y eso me asustó, porque no quería quedar ilegal, así que pronto me tuve que volver con las manos vacías”, comenta.
En su caso, la frustración de ese primer intento la alentó a organizarse mejor y comenzó a hacer los trámites para, la próxima vez, tener la ciudadanía y poder quedarse. “Era una cuenta pendiente conmigo misma, tenía que volver pero más preparada”, afirma.
En agosto de 2022, un episodio personal la hizo decidirse, y en cuestión de una semana armó todo y se fue de Argentina. “No tenía el dinero para viajar, así que un amigo que vivía en Andorra me dio un préstamo. Tampoco tenía papeles para hacer la ciudadanía, casi todo lo comencé a reunir desde Longobardi”, explica, aunque advierte que en aquel entonces había menos interesados en migrar y las oficinas demoraban mucho menos que ahora en responder.
Una experiencia insatisfactoria
Cande había contratado desde Argentina una agencia de gestores de Longobardi pero no quedó satisfecha con su experiencia.
“Ellos me aclararon que proveían el alojamiento pero no hacía el acompañamiento, así que tuve que aprender a hacer el trámite sola. Cuando llegué no sabía el idioma. Aunque en el secundario tuve italiano, no era mi materia favorita. Fue una odisea, ni siquiera sabía cómo preguntar en la estación del tren cuál servicio debía tomarme”, relata.
“Al llegar a Longobardi, la casa en la que me tenían que alojar no estaba lista, así que me mandaron a otra. Era literalmente en medio de la montaña, donde mi única compañía fue un perro, al que amé”, agrega.
Una semana después, finalmente ingresó a la casa que había pautado. “Todo cambió, porque estaba cerca del mar, cosa que amo”, indica.
Cande consiguió un trabajo en un supermercado gracias a un amigo cordobés que hizo en Longobardi. «Me pagaban poco (20 euros por día) y tenía que cumplir ocho horas al día, pero no tenía otra opción porque no tenía papeles para buscar otro trabajo”, recuerda. Al poco tiempo consiguió otro trabajo en el pueblo, arriba de la montaña, y trabajó en ambos lugares hasta que su cuerpo «le empezó a pasar factura» y dejó el supermercado.
Cierto tiempo después de llegar, en una salida, la cordobesa conoció a un italiano de Longobardi, Demetrio, y fue “un flechazo”, se entusiasma. Se conocieron en una salida de un conocido bar del ámbito local en el que se reúne habitualmente la comunidad de argentinos, el Kanaloa. Hoy son pareja, tienen dos mascotas juntos (Chopper y Kira) y planean un futuro a la par.

Acompañar a otros argentinos
Con el correr de los meses, y habiendo aprendido mucho sobre cómo se realiza el trámite, pensó que podía hacer gestoría para otros argentinos que llegaban a la ciudad a hacer su ciudadanía.
“Yo la viví y por eso me dolía ver el abuso que se cometía, no solo con los precios, sino también incumpliendo con lo pactado. A mí me quisieron cobrar 600 euros por hacer las traducciones y aseveraciones de mis actas”, relata.
Y agrega: “Creo que algunas personas han visto un negocio, una oportunidad frente a tanta demanda. Pero no saben de la necesidad y el sacrificio de las personas que venden todo y se endeudan para venir a resolver su ciudadanía”, manifiesta.
Junto a otros dos chicos, uno italiano y otro argentino, comenzó a ofrecer un servicio de traducciones y aseveraciones, para más tarde hacer también el acompañamiento.
Cande dice que su objetivo fue hacer un “buen acompañamiento” ya que ella sintió que la dejaron «bastante sola en muchas cosas». “Uno que estuvo en la misma situación entiende mejor lo que se sufre, lo que hace falta, el tipo de acompañamiento que necesitan los que vienen y lo mucho que les costó todo”, afirma.
También reconoce que hay muchos gestores «irresponsables»: “Está lleno de testimonios de personas a las que les ofrecen un departamento y, cuando llegan, se dan con que tienen que compartirlo con tres o cuatro personas. Longobardi es muy chiquito, y acá todos se conocen, se sabe todo. Los que hacen mal las cosas terminan en boca de todos y también quedan mal los que hacemos bien las cosas, todos en la misma bolsa”, se queja.
La colonia argentina
Hoy en las calles de Longobardi se escucha hablar italiano como español o portugués (muchos brasileros también hacen su ciudadanía en esta localidad).
“En longobardi nos aman, dicen que hemos devuelto la vida al pueblo, que se ven más jóvenes y que hay más fiestas. Está lleno de argentinos, hemos colonizado Longobardi”, afirma Cande.
Sin embargo, este medio recibió numerosos testimonios sobre un cambio positivo en el interés de los habitantes de la localidad, que va más allá de agradecer la «vuelta a la vida para el pueblo». Según reconocen algunos habitantes, hay negocios como supermercados y tiendas que fuera de la temporada de invierno casi no tenían actividad. Esto cambió, dicen, y hace un par de meses, el supermercado comenzó a traer productos argentinos que antes desconocían, los cuáles se agotaron pronto: yerba mate, dulce de leche y alfajores.
El problema fue que, de a poco, los tiempos que la comuna manejaba para resolver los trámites se empezaron a extender y surgió una nueva preocupación sobre un posible colapso del anágrafe (registro civil).

“En septiembre hubo un parate. Por tres semanas la comuna no recibió carpetas con el objeto de reorganizar el trabajo porque se había acumulado mucho trabajo. Hoy creo que está mejor organizado y ha recuperado el ritmo”, sostiene la cordobesa.
“Me parece que la responsabilidad es que cuando alguien va a recibir a una persona para hacer el trámite hay que avisar. No hay que excederse solamente por ganar dinero con una gestión, porque después las personas no tienen una buena experiencia y dejan de recomendar el lugar, y ahí pierde todo Longobardi”, opina Cande.
Consejos para los que vienen
La joven argentina repasa su propia experiencia como inmigrante y su trabajo como gestora, de la que obtuvo algunos valiosos consejos. “Cuando las personas llegan, es importante que entiendan que es un trámite que demora. Tienen que venir preparadas para pasar tres o cuatro meses, no sólo porque cada trámite es diferente y puede haber demoras, sino también porque los empleados del anágrafe son dos y pueden enfermarse o tomarse licencias”, informa.
Cande recomienda no venir con el dinero justo o con la misma cota de tiempos. “El trámite puede demorar más de lo esperado y hay que tomarlo con tranquilidad”, explica. Agrega: “Lo mejor es tratar de disfrutar de la experiencia, el mar, la comida los nuevos amigos…”.
Ojo con los alquileres
“Con los alquileres hay que tener cuidado. Acá también ‘hay vivos’, como en Argentina, en eso no somos tan distintos”, afirma. Hace uno o dos años atrás, los alquileres de un departamento se podían conseguir por 250 o 300 euros. Hoy las personas que tienen sus viviendas registradas cobran 400 o 450 euros por persona en un departamento compartido entre dos, tres o más personas”.
Un relevamiento realizado por InfoCivitano.com arrojó que existen gestores que cobran 600 euros por mes por persona (con una contratación mínima de tres meses) y un monto por única vez de 400 euros por el acompañamiento en el proceso de presentación de la carpeta. Sin embargo, en localidades cercanas se pueden alquilar departamentos de dos o tres ambientes por 350 euros.
“También hay personas que ofrecen alquileres para fijar residencia en localidades que no hacen el trámite, y las personas se enteran cuando llegan acá, porque son cosas que no sabés hasta que vas a la comuna”, afirma Cande.
Según la legislación vigente, todas las localidades deben hacer el trámite de ciudadanía ya que se trata de un derecho reconocido a nivel nacional. Sin embargo, en algunas comunas los trámites pueden demorar desde seis meses hasta un año, o más. Si en el lugar los alquileres son altos y además hay controles severos, para no dar empleo a las personas que no tienen la ciudadanía, hacer la residencia se vuelve casi imposible, por lo oneroso.
«En algunas comunas, los comuneros no saben hacer el trámite, o no tienen voluntad de hacerlo, y directamente no prestan este servicio», plantea la gestora.
Frente a estos riesgos, Cande sugiere investigar todo antes de viajar: saber si el departamento o la habitación es compartida, si la comuna hace el trámite y en cuánto tiempo lo despachan. También recomienda hablar con personas que hayan hecho el trámite en la misma localidad o con los mismos gestores.
Carpeta lista y hablar italiano
Asesorarse bien antes de salir del país de origen es otro de sus consejos. Fundamentalmente, respecto de los papeles que hay que presentar y de la normativa que hay que cumplir. Ha conocido casos de personas que fueron a hacer el trámite pero no cumplieron los requisitos y se tuvieron que volver sin el propósito cumplido.
Por último, la cordobesa recomienda estudiar el idioma antes de llegar a destino, ya que «abre todas las puertas»: del trámite, de un eventual trabajo y también al disfrute.
Tras terminar su ciudadanía, Cande pensaba ir a vivir a los países del norte de Europa. “Las localidades del norte son más caras, pero los empleos se mejor pagos”. Pero ahora con Demetrio, Chopper y Kira son una familia italiana, y deben decidir su futuro juntos.
Quién diría que en esa pequeña localidad calabresa, de la que hasta hace dos años desconocía su existencia, terminaría siendo el lugar donde Cande construiría una familia.








Buena información. Bien escrito y con información verídica. 👍🏻👍🏻
Muchas gracias Leo! tu devolución nos alienta a seguir adelante. Seguimos en contacto!
Muy buena info…podrias compartir un teléfono de Cande
Hola
Milton agradecido por tan valiosa info como puedo.acceder para mayor.informacion con Candela, tengo dos hijos que.pronto irán allí y quiero confirmar datos agradecido
Buenos días… Quisiera información sobre alguna forma de tener un status legal para un venezolano.