En los clubes de Calabria, los dirigentes dicen que hay cada vez más sudamericanos en los equipos. Cómo es la experiencia de convertir una habilidad en la llave para una mejor vida.
Este artículo tiene una versión en italiano que puede leerse aquí.
Jugar al fútbol profesionalmente ha sido siempre el sueño de muchos jóvenes en Sudamérica. Hacer lo que nos gusta y que te paguen por ello parece un plan sin fisuras. Pero hoy hay otro proyecto que moviliza a muchos jóvenes en Sudamérica: migrar.
Las noticias sobre jugadores que firman pases entre equipos de primera división están entre los artículos cotidianos de la prensa pero… ¿Qué pasa con los jóvenes que, sin contratos multimillonarios, migran para sumarse a clubes más modestos, escapando de las crisis económicas, de la inseguridad y en busca de otra calidad de vida?
Pero hay algunos pocos, que pueden combinar ambos sueños, y logran migrar jugando al futbol. Así, la pasión del fútbol puede convertirse en una llave para lograr una mejor calidad de vida pero no todo es un paseo, y siete sudamericanos en Calabria le cuentan su experiencia a InfoCivitano.com.
Amantea, es un pequeño pueblo turístico de Calabria, al sur de Italia. Allí, entre el Mar Tirreno y cadena costera de los apeninos calabreses. En un rincón al sur de la ciudad se encuentra la Associazione Calcistica Dilettante (ACD) “Città Amantea 1927”, el club de la ciudad. Por su fisonomía, podría ser un club de pueblo (o de barrio) de la Argentina, de esos que se sostienen con el esfuerzo de los vecinos de la localidad, llenos de trofeos en sus vitrinas y fotos de tiempos donde brillaron los que hoy se sientan en la tribuna y peinan canas, con mil experiencias para contar y toda la voluntad de apoyar a los “ragazzi giovani” (pibes más jóvenes).

En el interior del club, fundado en 1927, entrenan, como cada semana de martes a viernes, unos 30 jóvenes futbolistas. Llevan 8 partidos del torneo jugados y vienen peleando la punta
Sudamericanos en el club de Amantea
Entre ellos hay seis sudamericanos, cinco argentinos y un uruguayo, pero pasan desapercibidos en el conjunto de los jugadores.
El Director Deportivo del “Città Amantea”, Pino Trotta, nos recibe en la puerta del club y conversa con nosotros sobre la incorporación de sudamericanos en el club.
“Es habitual, todos los equipos tienen dos o tres sudamericanos”, comenta. Trotta cuenta que uno de los equipos de la región tiene 14 argentinos y recuerda algunos de los nombres de los más brillantes jugadores que pasaron por el club en los últimos años.

Vicenzo Berardone es un dirigente del club, y nos cuenta cómo el club incorpora a los jugadores. Los “procuradores”, son profesionales del reclutamiento de jugadores. Dos de ellos, argentinos, viven en Buenos Aires, pero vienen a Calabria cada verano y ofrecen sus jugadores a los clubes.
Los clubes tiene un cupo de “comunitarios” (jugadores no italianos con ciudadanía de la Unión Europea), que no pueden superar. Sin embargo, la ventaja de los sudamericanos es que muchos tienen ciudadanía italiana.
Cómo llega al fútbol de Europa
“El Vasco” Juan Carlos Cortaberría (33) es el arquero uruguayo del Amantea. Lo acompañan en el equipo cinco argentinos: Luis Gimenez (24), el delantero formoseño; Rodrigo Nicolás Lescano (32), el mediocampista de Quilmes (BsAs); Marcos Manelli, defensor central de Villa Constitución (Santa Fe); y los hermanos Fabrizio (18) y Juan Trento (24), mediocampistas de la Ciudad de Buenos Aires. Finalizado el entrenamiento y mientras sus compañeros van al vestuario, se sientan en ronda y comparten sus experiencias.
Rodrigo hace 5 años que está fuera de Argentina, y 4 que está en Italia (pandemia de por medio). La idea de jugar fuera del país surgió por iniciativa de un compañero cuando ambos jugaban en las categorías más bajas de equipos de Buenos Aires como Claypole, Defensa y Justicia o Tres Algarrobos. “Jugué en distintos equipos, pero no cobraba. Tenía mi trabajo aparte. Un amigo me dijo que se iba a jugar a Dinamarca, y me invitó a ir con él. Pasé cinco meses en Sicilia haciendo la ciudadanía y después fuimos a Copenhague”.

Para el Vasco es la segunda vez que está fuera de Uruguay. La primera vez fue jugando tres años en Andorra. Luego volvió a su país y en agosto pasado volvió a Europa para jugar en Calabria. El guardameta viene de jugar en equipos como Racing, Torque, Atenas de San Carlos, Rocha o Cerro Largo. Cortaberría tiene ciudadanía española, y llegó a Italia gracias a un intermediario que lo ofreció al club en donde se desempeña ahora.
El Vasco sostiene que su elección tiene que ver con la calidad de vida. “Vi la realidad de Europa, la seguridad con la que se vive. Acá no está la violencia que se ve allá”, afirma.
Claves para tener una chance
Todos coinciden en algunos puntos como las claves para llegar a donde están actualmente. Para empezar, tener la ciudadanía europea ayuda muchísimo porque los equipos tienen cupos de comunitarios y extracomunitarios que no pueden exceder. “Eso ya suma un montón” explica uno de los futbolistas.
También son importantes los vínculos y contactos que se hacen en el deporte. “Cuando jugás en un equipo, te vas haciendo contactos, amigos que cuando se van a jugar a otro lado te recomiendan, o te pasan el dato para que vayas a probarte”, indica Luis. “A veces te avisan ‘en este club están buscando un defensor’, para que vayas y te pruebes”. También pueden ser los propios dirigentes los que recomiendan”, comenta otro de los jóvenes.
Tener un video que muestre el desempeño del jugador también puede ayudar mucho según las experiencia de los sudamericanos.
“Uno de los problemas es que aquí hay muy poco conocimiento de los equipos de Sudamérica. Capaz que jugaste en Racing (Uruguay) que es un equipo de primera, pero ellos no lo conocen, y acá llegás como uno más”, comenta el Vasco. Aún así, el arquero, dice que la tranquilidad que se vive en Calabria no tiene precio. “Salís a la calle y no te pasa nada. No se ve la inseguridad ni la violencia que hay en el deporte allá”, agrega.
Los arreglos
Una vez que los equipos muestran interés, los jugadores tienen que acordar los términos de su contratación, que no son iguales para todos (y que se reservan bastante cada uno para sí). “Los juveniles pueden cobrar de 100 a 250 euros por mes. Un jugador más experimentado puede aspirar a 300 o 400 euros, que no es mucho, pero también te suelen cubrir el alojamiento y los gastos de supermercado, y entonces se vuelve más interesante” comentan.
En las categorías amateur del fútbol italiano es difícil aspirar a más de 500 o 600. Pero para un sudamericanos que jugaba sin cobrar, o que con esfuerzo llegaba a fin de mes, ese dinero sin tener que pensar en las compras y en el alquiler no está nada mal.

Según explican los deportistas, es muy difícil que un equipo le pague los pasajes a un jugador americano para probarse en Italia, por lo que siempre implica una apuesta, una inversión nada fácil para muchas familias.
“Los más jóvenes pueden aspiran a jugar en las primeras categorías” dice Cortaberría, “los más grandes pensamos en encontrar un trabajo y asentarnos aquí, porque se vive más tranquilo”, agrega.
“Vivos hay en todos lados”
Pero no todo es un paseo en el proyecto del futbolista migrante. Más de uno ha visto de cerca o experimentado alguna estafa o algún abuso contra los jóvenes que vienen desde lejos llenos de esperanzas.
“A veces te prometen una cosa y cuando llegás no te cumplen”, comenta Rodrigo, quien cuenta que conoce casos en los que les prometían una vivienda y, al llegar, se enteraba que había que compartir la casa con 5 personas más, casi en situación de hacinamiento. “Es muy importante aclarar los términos desde el comienzo, para no darse con sorpresas luego.
También cuentan que suele ocurrir que, en el marco de contratos que son por una sola temporada, no te paguen el último mes. “Saben que acá no tenés respaldo, o no podés comunicarte bien, y se aprovechan de eso”, agrega.
“Si te piden plata huí”
Otra de las estafas habituales suele ser que los reclutadores te pidan plata para llevarte a un club. “Lo normal es que los reclutadores arreglan su parte con los clubes para los que trabajan, o con el jugador negocian un porcentaje de lo que el futbolista va a cobrar. pero si te piden un monto por presentarte, salí de ahí. Seguro es una estafa”, comentan.
Marcos lo vivió en carne propia. Una organización le propuso un contrato con alojamiento y comida en Estados Unidos, y viajó con una visa de turista. Pero al llegar se encontró con que nada de lo que le habían prometido era real. “Por suerte encontré gente que me ayudó, conseguí un trabajo y me sostuve hasta que encontré dónde jugar. Fue una experiencia muy mala”, relata.
La cultura se mezcla
Los lunes en Amantea son como los domingos, casi todo está cerrado y hay muy poca actividad. El club no es la excepción. Los jugadores entrenan de martes a viernes, de 15.30 a 17.30, pero el resto del día van al gimnasio, van a clases de italiano y algunos también trabajan, lo que les permite vivir un poco más cómodos o ahorrar.
La llegada de los sudamericanos no pasó desapercibida en el vestuario del Amantea. “Algunos ya se compraron el mate”, comenta Luis. “Ellos (los italianos) no son muy de la previa ni de quedarse después de los entrenamientos. Vienen sobre la hora, entrenan y se van. Nosotros impusimos la música en el vestuario” dice el formoseño. “y hablar giladas después de entrenar, cuando elongamos”, agrega el Vasco.

Los jugadores afirman que hay una mirada diferente del fútbol amateur. “Allá nos rompemos porque todos quieren jugar en boca. Acá son competitivos, pero el deporte no es lo que te va a salvar”, agrega Luis.
Sin embargo, sostienen que la cultura italiana es muy solidaria y cálida. Al respecto, Marco explica que “es importante aprender el idioma, porque nosotros somos los que venimos de afuera, los que nos tenemos que adaptar. Si aprendés el idioma, sos uno más y la integración es mucho más fácil. Entonces te encontrás que te invitan a comer a su casa, o están ahí para ayudarte en lo que sea”.
“En Andorra la relación era más fria. hay una cultura consumista e individualista que se nota. Acá eso no se ve”, dice el arquero. “En Dinamarca -agrega Rodrigo- también es mucho más individualista. Los italianos son mucho más parecidos a nosotros. Al toque se hacen amigos y te invitan a su casa”.
Todo es sacrificio
Migrar es una aventura sin igual, sobre la cual no hay que caer en el dramatismo ni en la romantización. Migrar puede ser duro cuando no es una elección, cuando se lo elige para huir de las necesidades o del miedo, pero también puede ser la oportunidad de vivir mejor, de conocer otras culturas y de conocer mucha gente con la que se harán amistades duraderas.
“Lo que más cuesta son los vínculos” dice Marco. “Estar lejos de la familia y de los amigos, porque los productos argentinos se pueden conseguir” dice el defensor tras ser consultado sobre si se extrañan la yerba mate, las milanesas o el dulce de leche. “Acá se hacen nuevas amistades, experiencias, es un aprendizaje constante”, agrega el Vasco, “con compañeros que compartimos la vida en los últimos meses parece que hubieramos vivido juntos hace 5 años“, comenta Luis.
“A veces llegamos a ocultarle cosas a nuestras familias, para que no se preocupen, para que no piensen que la estamos pasando mal”, agrega el Vasco.
“Acá nadie te regala nada. Es sacrificio. Pero ese sacrificio tiene un resultado, y por eso elegimos estar acá” cierra el santafecino antes de que un compañero italiano llegue para pedirle a este periodista una foto de grupo con sus colegas sudamericanos.







