Los migrantes estuvieron ausentes en el segundo debate presidencial del pasado 8 de octubre. Los candidatos pasaron por alto la creciente ola migratoria de argentinos, tanto los que han abandonado el país como aquellos que están considerando hacerlo. Un día después del debate, una nueva corrida cambiaria acentuó aún más la preocupación económica en el país.
Los migrantes estuvieron ausentes en el debate presidencial del 8 de octubre. Fue una de las deudas en las elocuciones de los cinco candidatos a presidente en Argentina, que optaron por no hablar de la creciente ola migratoria de argentinos no encontró espacio en las discusiones. A pesar de ser un tema de relevancia nacional, ninguno de los candidatos abordó la cuestión de repatriar a los argentinos que abandonaron el país en los últimos años ni ofreció soluciones para aquellos que están considerando hacerlo. Un día después del debate, una nueva corrida cambiaria acentuó aún más la preocupación económica, afectando a la población.
El Código Electoral Nacional establece claramente las condiciones para ser elector en cargos nacionales. Los argentinos nativos o por opción pueden votar desde los 16 años, mientras que los naturalizados deben esperar hasta los 18 años, siempre que no tengan inhabilitaciones legales. Sin embargo, a nivel subnacional, todos los ciudadanos, incluyendo extranjeros, tienen derecho a elegir cargos provinciales y municipales. A pesar de esto, los candidatos no dirigieron sus mensajes a los argentinos que eligieron emigrar a destinos como España, Italia, Estados Unidos, México y otros.
Un dato relevante es que la provincia de Buenos Aires, con más del 37 por ciento del padrón nacional, alberga a un millón de personas migrantes habilitadas para votar, lo que representa un tercio de los inmigrantes a nivel nacional.
El tema ausente del debate presidencial en Argentina
El debate presidencial, que debería haber sido una plataforma para discutir y abordar los desafíos y preocupaciones que enfrentan los argentinos, pasó por alto una realidad que afecta a una parte significativa de la población: la migración en aumento. La falta de atención a este tema plantea interrogantes sobre el compromiso de los candidatos con los ciudadanos que han elegido abandonar el país en busca de oportunidades en el extranjero.
A medida que Argentina se enfrenta a problemas económicos y sociales, la creciente diáspora de argentinos merece una consideración más profunda. En lugar de abordar esta cuestión, el debate se centró en otros asuntos, dejando de lado la importante discusión sobre cómo atraer de vuelta a los ciudadanos que han optado por buscar un futuro en el extranjero.
La falta de propuestas y soluciones concretas para la comunidad migrante es una oportunidad perdida para abordar las preocupaciones de una parte significativa de la población argentina. En un momento en que la estabilidad económica y la calidad de vida son temas críticos, es esencial que los candidatos reconozcan y respondan a la realidad del éxodo argentino.
Situación económica más compleja
La situación económica no se ha detenido en el debate. Un día después, el valor del dólar «tarjeta» se disparó de 300 a 734 pesos por dólar, lo que refleja la fragilidad del sistema financiero argentino. Esta volatilidad financiera afecta tanto a quienes se encuentran en Argentina como a los argentinos en el extranjero que dependen de remesas para sustentar a sus familias en el país.
La ausencia de propuestas en el debate sobre la migración y la falta de soluciones concretas para los argentinos que consideran la emigración como su única opción plantean interrogantes sobre el compromiso de los candidatos con las cuestiones que realmente importan a la población. La migración no es un tema secundario; es una realidad que afecta a una parte significativa de los argentinos, y es esencial abordarla de manera seria y comprometida.
En conclusión, el debate presidencial del 8 de octubre en Argentina pasó por alto el tema crucial de la creciente ola migratoria de argentinos, tanto los que han abandonado el país como aquellos que están considerando hacerlo. La falta de propuestas y soluciones concretas plantea interrogantes sobre el enfoque de los candidatos hacia esta importante cuestión. La migración es una realidad que no puede ignorarse, y los candidatos deberían abordarla con la seriedad que merece en futuros debates y discusiones políticas.
El interés de los migrantes argentinos en la realidad de su país
Alejandro vive en Italia con su esposa y su hijo hace 15 años. El pasado domingo, a deshora, tomó la pantalla para atender el discurso de los candidatos a presidente en Argentina. En su hora local eran la 1 de la madrugada. A pesar del sueño, se repuso y siguió con atención el intercambio de ideas, que calificó como «pobre y algo deshonesto».
«No fue grato encontrar que los migrantes parecemos una población desaparecida en el imaginario de los dirigentes políticos. En nuestro caso, tuvimos que reponernos a sucesivas crisis económicas hasta que decidimos marcharnos. Hoy nos sigue constando vivir lejos de Argentina, sin un trabajo acorde a nuestra profesión, con un hijo grande y sintiéndonos más de acá que de las tierras patrias», expresó.
En cuanto a las ideas que escuchó de parte de los presidenciables, opinó que «no hubo un desarrollo interesante sobre lo que piensan a cerca de los temas que decidieron plantear». «Más bien se quedaron en las chicanas», sentenció.
Cómo fue el debate de los candidatos a presidentes
El segundo debate presidencial de 2023 en Argentina trajo consigo un ambiente más encendido y un intercambio más atractivo para los espectadores y votantes, en comparación con el primero, del pasado 1 de octubre. En esta confrontación, los candidatos revivieron sus estrategias y arremetieron desde el principio, mostrando un enfoque más agresivo que el debate anterior.
Tanto Patricia Bullrich como Javier Milei, los principales candidatos de la oposición, adoptaron un enfoque más activo. Milei habló de la «peor crisis de la historia» y de un escenario al «borde de la hiperinflación». Por su parte, Bullrich atacó con argumentos contundentes, destacando el viaje de Martín Insaurralde en un yate a Marbella, que había omitido mencionar la semana anterior.
Los cuatro candidatos de la oposición utilizaron sus derechos a réplica para señalar cifras preocupantes sobre el dólar, inflación y pobreza, lo que refleja una realidad económica que avergonzaría a cualquier administración. Massa, en su defensa, se esforzó por distanciarse nuevamente del Gobierno al que pertenece desde 2019, aunque Bullrich y Milei lo presionaron con mayor fluidez en el discurso.
En el bloque de seguridad/inseguridad, donde Bullrich esperaba destacar, sus cuatro rivales solicitaron réplicas para cuestionar su enfoque. Aunque la criticaron, Massa y la economía fueron el foco principal de los ataques.
Patricia Bullrich optó por cambiar su estrategia al atacar no solo a Massa, sino también a Milei, quien atrae a muchos votantes de orientación macrista. A su favor, Milei mantuvo la calma y recurrió a la ironía y tonos pausados para responder a los ataques. Supo controlar las dudas que genera su personalidad, mientras que sus oponentes intentaron desestabilizarlo sin éxito.
La verdadera prueba se dará en las urnas el 22 de octubre, donde se definirá la suerte de los candidatos. Las elecciones primarias dejaron un escenario dividido, con Libertad Avanza liderando con el 31% de los votos, seguido de cerca por Juntos por el Cambio con el 30% y Unión por la Patria con el 29%. Diversas encuestas posteriores a las PASO sugieren que Milei podría mantener su ventaja y que Massa superaría a Bullrich en el balotaje. ¿Podría Milei sorprender y ganar en la primera vuelta? ¿Terminará Bullrich en un enfrentamiento directo con él?
La incógnita persiste, y solo se resolverá en las urnas, determinando cuánto impacto tuvieron realmente los debates en la elección. La audiencia estuvo atenta, con picos de casi 40 puntos de rating, demostrando el interés y la relevancia de estos encuentros en la elección presidencial de Argentina.
Esta actitud más combativa de los dos principales candidatos opositores puso a Sergio Massa en la incómoda posición de tener que defender actitudes indefendibles de aliados y su propia gestión en materia económica, que arrojó resultados negativos.







